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LASSONRISAS
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EL PARAISO REENCONTRADO

El paraíso reencontrado

La escritora María Jesús Jabato y la ilustradora Laura Esteban entonan un canto a la infancia en el libro '¡Qué grande es ser pequeño!'


¡Qué grande es ser pequeño! es una canción infantil de color fresa chicle, es un mullido colchón relleno de jamones dulces, es un tobogán con una sonrisa sin fin, es un corro de las patatas gigante, es un pastel relleno de sueños y piruletas... ¡Qué grande es ser pequeño! es el paraíso reencontrado, o el que nunca se fue, de la escritora María Jesús Jabato y la ilustradora Laura Esteban. Ambas se cogen de la mano una vez más y viajan a esos años que, dicen, nunca han abandonado.
«Es un canto a la infancia. Para mí fue un paraíso y creo que lo debe ser para todos los niños, aunque muchos no lo vivan así», resume Jabato, quien hace acopio en estas páginas de los momentos que recuerda como fantásticos y que luego, «lamentablemente», se pierden, aunque ella asegura, sin ambages, tímida pero decidida, que continúa siendo una niña.
Ese rescate se regodea en los mimos interminables de mamá, en las sábanas protectoras de los padres y las cómplices en noches de lectura a oscuras, en los peluches convertidos en los mejores amigos, en saltos y risas sobre los charcos, en el chollo que es recibir propina, en reírse sin motivos y llorar por mil, en la facilidad de enamorarse y desenamorarse, en los nervios de una maravillosa noche de Reyes...
«La infancia es una gozada», enfatiza la escritora, quien reconoce en estos versos su voz más gamberra, muy alejada de la más seria de sus anteriores libros de poesía infantil en los que no ha tenido reparos en tratar los temas más crudos de esta etapa como la muerte de un abuelo (Tan alto como la luna), la enfermedad del alzheimer (Domingo de pipiripingo) o el autismo (El silencio de Camilo).
La autora se divierte en ambos registros. No quiere más a uno que a otro. Ni uno ni otro le es más o menos fácil. «Quizás las palabras alegres lleguen antes y las tristes sean más difíciles de digerir. Tenemos un instinto de protección y cuando algo nos hace daño lo evitamos por eso es más fácil leer un libro alegre que uno triste. El humor nos gusta a todo el mundo, es más llevadero, aunque, por supuesto, también tiene su interior», valora antes de volver a los rincones más luminosos de ese universo del que se quiere escapar cuando se es un niño y al que se quiere regresar cuando se es mayor.
¿Y tú quieres ser mayor, / tener espeso mostacho, / papeles en el despacho, / deudas y un despertador? / ¿Estás loco? Es un error.
Espanta la palabra nostalgia la creadora e insiste en que ella nunca ha dejado de ser la niña que fue, aunque reconoce que ha modelado un libro para que compartan padres y niños. Los primeros se reconocerán en él sin remedio y los segundos, también, aunque en algunas imágenes requieran la interpretación de sus mayores.
María Jesús Jabato, que en otoño volverá a las librerías de la mano de la Editorial Hiperión con el anunciado Yo mí me conmigo, considera que la intervención de los progenitores es esencial en la comprensión lectora de los pequeños. Labor que, lamenta, en ocasiones se carga en exclusiva sobre los hombros de los profesores. Encomienda a los padres esta tarea de guías en el camino de la vida, sin olvidar aquello que dijo Antoine de Saint-Exupéry y que encabeza este volumen: Únicamente los niños saben lo que buscan. Y tal vez lo encuentren en las páginas de ¡Qué grande es ser pequeño!

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