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LASSONRISAS

LA VOZ DE LOS ÁRBOLES GIGANTES.

La voz de los árboles gigantes

Como cada año, la Asociación Síndrome de Down acompañó a la Feria del Libro con una lectura pública que, de paso, celebró el Día del Medio Ambiente
Decenas de voces se sumaron a la cita por la integración

 

 

La voz de los árboles gigantes sonó ayer con fuerza. Casi con la misma que el viento azotaba los que lucían en los alrededores, troncos con historia y señorío y recreaciones ácidas con moldes de magdalenas como divertidas hojas. La voz de los árboles gigantes sonó ayer en el paseo Marceliano Santamaría, junto al Espolón, y pidió, sin pedir, respeto a la naturaleza. De paso, sirvió para romper una vez más esa lanza mil veces rota por la integración. Y es que la voz de los árboles gigantes sonó de la mano de la Asociación Síndrome de Down de Burgos que, como cada año, se suma a la Feria del Libro con una lectura pública que en esta ocasión celebró con antelación el Día del Medio Ambiente -que se conmemora cada 5 de junio- y recordó que 2011 es el Año Internacional de los Bosques.

El relato del libro Cuentos de Árboles Gigantes -editado en el marco de un proyecto didáctico de la organización Bosques Sin Fronteras- sonó por decenas de bocas. Las de las autoridades, reunidas para la ocasión, las de los representantes de distintas entidades locales y las de los alumnos de distintos centros educativos de la ciudad: Estela, Saldaña, Río Arlanzón y Santa María la Nueva.

Julia, con su desparpajo y sus coletines decorados con sendos lazos con lunares, fue la encargada de abrir la ronda. Y lo hizo con soltura y mucha gracia, la que le otorgan sus diez añitos. Estaba encantada con su actuación y para asegurarse de que había estado a la altura, al bajar las escaleras del escenario, preguntó a los allí presentes qué tal le había salido.

Apenas un minuto antes, Luis Mayoral, gerente de la agrupación que organiza este evento, en colaboración con la Fundación Solidaridad Carrefour y la Asociación Provincial de Libreros, subía a escena para dar los buenos y frescos días y agradecer a los presentes el apoyo a la iniciativa.

«La idea es acercarnos a la ciudad de Burgos y la mejor manera de lograrlo y dar a conocer nuestra lucha por la inclusión social de los niños y jóvenes con síndrome de Down es salir a la calle. En esta aventura involucramos a los centros escolares en los que nuestros chavales están plenamente integrados y todos juntos, si el tiempo lo permite, queremos pasar un día festivo», detalló.

Las ganas de celebrar pudieron al frío y mientras la lectura desgranaba fantásticas andanzas de dragos, hayas y olmos, un puñado de revolucionados escolares -por aquello de que vestían la camiseta oficial de la candidatura a Capital Europea de la Cultura, que conste- se afanaban en modelar y dibujar inspirados en el medio ambiente, el gran protagonista de la jornada, el homenajeado, en realidad.

Y así, páginas y páginas sonaron sin que se las llevara el viento y dejando en él mensajes claros para todo el que quisiera atraparlos.

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